La iglesia y su visión de la conservación y el turismo

Gracias al Directorio Peregrinans in terra, es cuando en 1969 la Iglesia retorna su atención pastoral hacia el fenómeno que venía haciéndose presente con más fuerza: el turismo. Ello principalmente es debido a que el turismo era ofrecido como una plataforma que contenía innumerables posibilidades enfocadas hacia el progreso de las personas, y por ende, el de los pueblos.

Para entonces, ya la iglesia se mostraba especialmente vigilante ante todos los peligros que podría implicar, o que se podían derivar de la práctica del turismo que no mantuviera presente una estricta práctica de los valores morales. Desde esa década, el turismo ha ido viviendo una importante evolución, tras lo cual se ha convertido en el interés de millones de personas, pero además, ha pasado a ser en muchos aspectos, uno de los principales motores de la actividad económica a nivel mundial.

Esta expansión de la actividad turística ha beneficiado a muchas personas y a países enteros, pero a la vez se ha revelado con frecuencia fuente de degradación de la naturaleza y de las mismas personas. El esfuerzo pastoral de la Iglesia ha venido acompañando esta evolución. Siguiendo las indicaciones del Directorio Peregrinans in terra y las otras intervenciones del Santo Padre, muchos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos se han empeñado en un trabajo pastoral creativo y perseverante para impregnar de sentido cristiano esta dimensión de la vida humana.

Una visión diferente del turismo ha llegado durante estas siguientes décadas a muchos cristianos, se trata de una visión más completa de lo que en realidad representa el turismo, tras lo cual ha descubierto sus aspectos positivos, pero también los negativos. Para una gran cantidad de comunidades cristianas, el fenómeno del turismo se ha encargado de dejar de ser un concepto, en donde se presenta como una realidad marginal o quizás como una perturbación de la vida ordinaria, para ellos se muestra como una posibilidad de convertirlo en un momento para la evangelización, las oraciones de oracionae y de la comunión eclesial.

De este modo, el turismo puede convertirse en el mejor artífice de un sustentado diálogo, que se puede entablar entre las civilizaciones y las culturas con la finalidad de construir una civilización enfocada en el amor y con ello, el logro de la paz. Sujetos a las Diócesis y las Conferencias Episcopales, estas se han ido dotando de estructuras pastorales más adecuadas, y de acuerdo a las circunstancias que se presentan en cada lugar.

Sujetos a las recomendaciones del Peregrinans in terra, pero también de las experiencias de las distintas Iglesias de las localidades, la propuesta se encuentra basada en ofrecer una reflexión y unos criterios pastorales sobre el turismo, en respuesta a las más recientes circunstancias que afronta el mundo. No se puede dejar de un lado, que el turismo que se realiza en la actualidad se trata de un hecho social y económico que presenta múltiples dimensiones, pero que además tiene la capacidad de implicar a las personas de muy diversas formas.

Cada año suceden desplazamientos turísticos, tanto internacionales, como al interior de los propios países, los mismos se cuentan por miles de millones cada año. Éstas millones de personas que participan en el turismo, involucra tanto a trabajadores, como a promotores y a agentes, quienes participan en las diversas actividades auxiliares, pero también pueden ser simplemente los residentes en algún lugar que es el destino turístico. La pastoral del turismo se encarga de dirigirse a las personas de todos estos sectores, llevandoles una reflexión del turismo basada en la palabra de Dios.